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sábado, 24 de enero de 2009

La india según Stendhal


La India según Stendhal

No es que haya podido resucitar a Stendhal y le haya hecho una entrevista. Ni tan siquiera he hecho un viaje astral o en el tiempo como los que imagino que incluyen algunos paquetes turísticos a la India. De hecho, ignoro por completo si Stendhal estuvo alguna vez en la India, y si la elegante h intercalada de su nombre tiene alguna correspondencia con la de Delhi. Simplemente, me remito a su definición de la belleza para concluir a modo de titular de periódico sensacionalista: Según Stendhal la India es uno de los lugares más horribles. El concepto de belleza es muy relativo y tiene connotaciones absolutamente subjetivas, aunque los antropólogos y biólogos estén determinando el concepto científicamente desde el punto de vista evolutivo. En la India he podido contemplar lugares magníficos, palacios, jardines, ruinas legendarias de una impresionante vistosidad y que evocan pasados gloriosos y culturas avanzadas y poderosas. Más aún, estoy convencido de que recordaré este lugar y las cosas que él me acontecieron con una especial añoranza. Evidentemente también me asaltarán los recuerdos negativos de su pobreza, las duras situaciones que a cada paso me asaltaron y esa sensación de causa perdida que sobrevuela cada lugar y sus gentes. Sin embargo, haciendo caso de nuevo a la definición de belleza de Stendhal (una de las más conmovedoras y con la que más me identifico) ‘la belleza es la promesa de felicidad’ (creo que los científicos vienen a demostrar algo parecido pero con otras palabras), dudo que alguien que no haya podido parapetarse tras el escudo del cinismo pueda afirmar que la India es un buen lugar para ser feliz.
Aún me queda mucho por ver y conocer de este país. Sólo espero, de todo corazón, poder rebatir en unas semanas las hipotéticas palabras de Stendhal sobre la India, quizás apoyándome en alguien tan lúcido como él y quizás tras recurrir, esta vez sí, a los improbables viajes a los que antes aludía, conociendo de primera mano la impresión de alguien con más tino que yo.

Fotos Jaipurenses





















El sistema planetario de Connaught Place y la psicodhelia india

Con la perspectiva de llevar ya algún tiempo en India, recuerdo los primeros días en Delhi y las primeras impresiones que me suscitaron sus impactantes escenarios.
No puedo olvidar el casual encuentro con Pablo, viajero argentino en busca, como imagino que todos los que por aquí erramos, no ya de conocimiento, pero sí de algunas pistas que nos ayuden a entender el mundo o al menos que nos muestren cómo es (y no tanto el mundo el mundo como a nosotros mismos en relación a él, que no olvidemos que también somos mundo). Pablo llevaba ya casi un mes por India y estaba armado de ese escepticismo que imagino es indispensable para sobrevivir en un entorno como este. Curtido ya por las mil batallas diarias que se presentan en innumerables frentes, su actitud resuelta no dejaba lugar a la incertidumbre que a cada paso te asalta en este tortuoso camino.
Especialmente recuerdo nuestros concéntricos paseos por la umbilical plaza de Connaught Place, origen y final de cualquier recorrido délhico. Hastiados por el caótico ir y venir de personas, vehículos y ruido, Connaught Place nos ofrecía un escenario ‘seguro’ que se podía alargar a voluntad hasta que la ruleta dejara de rodar. Mientras caminábamos de esea curiosa forma circular, temas de toda índole surgían y una especial lucidez acompañaba esas orbitales reflexiones. Temas de filosofía, sociología, historia, política, religión, etc., acompañaron nuestra errática órbita alrededor del agujero negro de Connaught Place, que tarde o temprano acabará por engullir la ciudad de Delhi y, probablemente, toda la India.
Cuando concluían las conversaciones, nos dirigíamos de regreso hacia nuestro caótico barrio de Pahar Ganj, cercano a la estación de ferrocarril de New Delhi.
Cuando uno ve por primera vez New Delhi se pregunta inmediatamente: dios mío, cómo será Old Delhi. Como dice Manolo por boca de Pepe Carvalho refiriéndose a una zona de mercados de Old Delhi ‘el olor a mierda, muerte, hierbas aromáticas y especias emanaba como una nube sobre cualquier recorrido entre bazares y cafés donde aparecían como muestrarios, aparentemente desorganizados, de cosas y seres humanos’. Nada que añadir, Manolo dixit, causa finita.
Tras el impacto que supone ver cómo es Delhi por primera vez, empiezo a ver claro el origen etimológico de la palabra psicodhelia.

Namaste